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10 de enero de 2017

Elegí mentir

Días antes de Navidad

¿Sabes mamá que Julian también ha visto a los Reyes Magos? Mañana en el recreo vamos a escribir cada uno cómo eran cuando los vimos.
Eso dijo nada más salir del cole. Me había dado una pista que no supe captar. Lo malo llegó antes de la cena, justo en el momento de las prisas, del corre pon la mesa, del llama a las chicas, del lávate las manos...

-Mamá me ha dicho una amiga de quinto que los Reyes Magos no existen. Yo le he dicho que si, que sino ¿quién nos trae los regalos? Dice que nos los dejan los padres (Imaginad mi cara). Yo le he dicho que no. Dice que un amigo suyo puso una cámara y los vio (ajá, ajá con mi cara de incredulidad)
-¿Y tu que crees? (Pensaba que con esa táctica podría librarme)
-Y yo le he dicho que no, que eso no puede ser, que imagina que un regalo cuesta 200€, ¿Cómo van a pagar eso los padres? Eso pueden gastárselo los Reyes, porque son ricos y además magos. (Transquibo la conversación tal cual, porque aunque han pasado ya días no la he podido olvidar)
Y mirándome a los ojos me preguntó:
-¿Verdad mamá que papá y tu no me dejáis los regalos?
Entré en pánico y mirándole a los ojos, en sólo una milésima de segundo, elegí mentirle.
-Verdad que no cariño. En toda su cara.

Fui a esconderme en la cocina, a refugiarme en el momento cena, en mi madre que había oido la conversación, en el whastapp contándole a mi tribu. Y sentí pena por su inocencia comenzando a perderse, odio a esa niña de quinto, vergüenza por haberle mentido, miedo a que todo se acabe, frustación por no haber sabido atajar sin mentir...eso y mil cosas más. 

Y así quedó, flotando en el aire una mentira. Sintiendo que debía volver sobre ello, intentar zanjarlo de alguna manera...por ahora.

Rous me dio la clave para seguir mintiendo pero mejor, y lo hice, en la oscuridad de la noche, siempre es más fácil cuando no tienes que esquivar la mirada. Comencé yo

-Sabes David, creo que ese niño dijo eso porque ha dejado de creer en la magia y no quiere que los demás crean. Y eso es muy triste
-¡¡Yo si creo mamá!! ¡Yo creo en la magia!. Creo que los magos no hacen trucos sino que ensayan, mucho, mucho para conseguir hacer magia. (Me enterneció su deseo de creer)
Además que yo vi a los Reyes. No tenían piernas sino un piquito así debajo, como el de los fantasmas. Y las coronas les quedaban muy, muy justas. Justo a su medida.
-Ajá...tu es que has tenido mucha suerte. La mayoría de las personas no los han visto, así que cada uno se imagina lo que quiere, y esa es SU verdad, porque como nadie los ha visto nadie sabe como son de verdad. Así que no existe LA VERDAD, sino para cada uno la verdad es la suya. ¿Sabes que hay quien piensa que no había tres sino cuatro Reyes Magos? y otras personas piensan que no eran reyes sino reinas magas.
-Claro mamá. Yo me imagino que tienen una capa muuuuuuuy larga y que las tres coronas son iguales pero cada una lleva escrita su nombre. Y que como tienen el piquito así son como fantasmas, por eso pueden entrar en las casas.

Así terminó su alegato de fé y así me quedé dormida con él, queriendo pensar que había elegido mentir por un buen motivo, que mercía la pena continuar y alentar el engaño y sobretodo que cuando llegue el día de decir "te mentí" sabrá perdonarme.


En Navidad

Todo fue como si nada: los nervios previos, la ilusión, el despertar histérico, el ¿cómo sabían que quería eso si no lo pedí? el ¿ohhh justo lo que yo quería? el anda todos han puesto el nombre en los regalos con tampones de letras (ay omá, no se le escapa una). Papá Noel y los Reyes Magos llegaron y se fueron, sin contratiempos...Un año más la mentira continúa, un año más la ilusión continúa. Por eso cuando alguien a su lado dice: "A Fulanita le han traído los Reyes tal cosa la mar de bonita" seguido de un "no se dónde lo habrán comprado los padres" me dan ganas de gritar ¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿PORQUÉ??????!!!!!!!!!!!!!

Si cree es porque quiere creer







15 de diciembre de 2016

Tan afortunados

Todo pasó de corrido. De esas veces que los acontecimientos se van sumando de casualidad, todos relacionados con el mismo tema que hicieron que esos días me sintiera especialmente afortunada, que tomara conciencia, una vez más, de cuantos motivos tenemos para dar las gracias. Y lo hicimos.

Gracias a nuestras chicas americanas, Mollie y Marlee celebramos, aunque con retraso, nuestra particular cena de Acción de Gracias al más puro estilo americano. Andaba esos días David haciendo un trabajo de investigación sobre Estados Unidos así que nos sumamos a #salvemoslas cenas de Ikea al más puro estilo Sparks and Rockets, aprovechando para hablar de sus tradiciones y de sus recetas típicas. Pollo a falta de pavo, Pumpkin Pie, batata con malvaviscos, verduras con semillas de calabaza, puré de patatas y Appel crumbel con helado de vainilla. Las chicas se pegaron el currazo de conseguir los ingredientes y cocinar. Por un rato me limité a ser el pinche sin más.
Batata, calabaza, manzana, naranja, canela, comino, jengibre...podréis imaginar cómo olía nuestra cocina. Podréis imaginar qué festín de productos de otoño nos dimos. Que afortunados somos.



Del otro lado, aquellos días se llevaba a cabo la recogida para el Banco de Alimentos de Sevilla. En el colegio, en cada supermercado en el que entrábamos...colaboramos con cada uno y cada vez recordaba de nuevo, como en cada campaña, como en cada año: "Debemos colaborar David, somos muy afortunados, no nos falta la comida, pagamos las facturas, si necesitamos ropa nueva la compramos...vamos al cine y al teatro, hacemos taller, salimos a comer por ahí de vez en cuando, nos damos algún capricho, nos vamos de vacaciones...otros no pueden...muchos no pueden. Qué afortunados somos.

Coincidió también con la Semana del Refugiado Sirio en la Biblioteca, entre sus acciones, una campaña de recogida de material para los campamentos de refugiados de la frontera de Siria y de Turquía. Pañales, biberones, compresas, cepillos de dientes, vendas, material escolar...Allí que nos fuimos también para hacer de mensajeros de la tita Encarna y allí nos topamos con una exposición de fotografías de lo más cruda de la vida en los campos de refugiados, de los viajes por mar apiñados en busca de una nueva vida. Ellos allí, nosotros pensando cuál de los libros de Jeronimo Stilton llevarnos a casa. Qué afortunados somos.

Mellegó un mail de Rayuela, la presentación de un libro en la Fundación Tres Culturas, un libro sobre refugiados, sobre huída, sobre sueños, El Viaje de Francesca Sanna. Allí nos fuimos y con ella vivimos y sentimos (más los adultos que los niños) cómo te puede cambiar la vida. Cómo podríamos pasar a ser ellos, los que huyen, los que buscan, los que sueñan, los que viajan dejando atrás su vida, en busca de "un lugar donde puedan vivir en paz y comenzar de nuevo su propia historia". Pero no lo somos, estábamos allí escuchando su historia. Qué afortunados somos.





23 de agosto de 2016

De una vuelta, primeras veces y ya se verá

Hace meses que no escribo, que no paso por aquí, el editor de blogger. Meses que no entro en el blog. Ahora, al hacerlo he sentido pánico de que algo hubiera cambiado, me pidieran claves que no recordaba y esto quedara en el limbo para siempre. Tengo que hacer acopio de todo esto, antes de que los miedos se hagan realidad y se pierdan todos estos años de memoria. Sería una pena.

Hace meses que no escribo, no lo necesito, no me lo ha pedido el cuerpo hasta esta noche. Acabo de terminar El libro de los Baltimore, son casi las tres de la mañana. Pretendía dormirme pero como me pasaba tantas veces he comenzado a escribir en mi cabeza. Esta noche he vencido la pereza, esa que no sentía antes, y me he levantado. Vuelvo a estar sentada en el chaise longue como tantas vecez, ese espacio que hemos cedido a Ada y que hoy, a su vez me ha pretado a mi por un rato.

David duerme en su cama. Ahora la prefiere. Aún siente el deseo de dormir con nosotros, pero el calor y la incomodidad le pueden y decide irse a su cama. Sí llegó, el descolecho ha tardado dos años en arraigar. Aún me necesita para dormirse. Una historia, un rascar de espalda, media vuelta y a dormir. Hace meses, muchos meses que lo de leer antes de dormir se ha vuelto muy esporádico, demasiado. Intentamos recuperarlo cuando las chicas de Me & Mine nos hiceron llegar uno de sus flamantes Pasaporte del lector. Llegó a casa junto al Carnet de conducir infantil, justo, justo cuando volvimos de los días en Los Caños. Esos en los que cada tarde paseábamos por el paseo martítimo donde yo aprendí a pontar en bici. Si hubiera llegado antes creo que me lo habría quedado para mi, que lo habría rellenado yo. Es tan bonita la idea de plasmar ese gran momento de la infancia. De otra forma puede que pase desapercibido entre los miles de recuerdos que atesoramos. Yo recuerdo...primero sin un ruedín, cuando invariablemente tenías que pedalear inclinado, más difícil aún que hacerlo sin los dos. Después sin ellos. El miedo a intentarlo, a caer, a no poder. La voz que te dice que te agarra, pero que sin que te des cuenta te suelta y tú que ni te enteras hasta que lo percibes y te aterra. Qué pena que no lo idearan antes, cuando el pollito aprendió a montar en bici. Qué pena que en mi afán organizador los guardara no se donde y ahora no los encuentre en ningún lugar de este minipiso que tiene mil rincones. Los podría haber sorteado o regalado, al menos haberles hecho alguna reseña instagramera y darles así las gracias. ¿Que si esto es publicidad? Supongo que sí, si quieres verlo así. Para mi es gratitud, por seguir acordándose de mí a pesar de tener este rinconcito casi extinguido. ¿Que si soy honrada? ¿Que si realmente me gustan sus productos? Mil veces sí, por concepto, por originalidad, por sentimento. Cada uno que inventan me parece más genial que el anterior. Además, lo explican tan bien, te hacen llegar tan claramente el cariño y la pasión que ponen en cada nueva idea, que es difícil de superlo. De ahí que mi idea fuera transquibir tal cual la reseña explicativa que enviaban con ellos...pero la perdí, se fue a ese rincón escondido ha hacerle compañía al carnet y al pasaporte. Quizás aparezcan al cabo de los años, como aquella bolsa de canicas que escondió mi madre y que jamas encontramos entera. Cada año, como por arte de magia, entre los jerseys, las medias y la ropa interior aparececían canicas de colores. Misterios de infancia.

Este ha sido un verano de primeras veces, como cada uno desde aquel primero que vivimos con un bebé de un mes en el club. 

Su primera herida con sangre en el brazo un mes después aún tiene la cicatriz. Resbaló cogiendo cangrejos. Aunque el talegazo (como lo llamamos por aquí) fue grande, el golpe mayor fue a su orgullo. No está bien caerse delante de unos iguales a los que intentas impresionar con tus dotes de cazador sin miedo. Qué difícil mantener el tipo, tragarse las lágrimas y sobreponerse repitiéndote una y otra vez que eso sólo le pasa a los intrépidos. 

Aprendió a coger la ola en la orilla gracias a un amigo de una tarde. Nadamos a remolque hasta "el arrecife", toda una aventura con su amiga E. La primera vez de snorkel, su primer pez. Esa respiración rápida por el miedo, esa respiración entrecortada por la emoción. Esos nervios a flor de piel. Esa superación. El primer baño de noche (o casi, casi). De noche sí el primer picnic en la playa, el pasear a la luz de la luna.

Los baños con la goma en la azotea. Descubrir la Barbie de mamá, su ropa. Ponerle modelitos diferentes y descubrir que es guay eso de jugar a las muñecas. Los minizapatitos de tacón imposible. El perro. El dormitorio de madera que me trajeron los reyes (que mi madre pintó de rosa mientras yo dormía, con tantas capas que las puertas del armario no cerraban), la cocinita con su horno, frigorífico y fregadero. Con esa ventana en la que se veía un parque. Era yo la que hace dos días jugaba. parece mentira.

De noche en el campo con R, sacos de dormir, linternas, un telescopio. La primera estrella fugaz. 

Cines de salas vacías, cines de salas a rebosar. Miércoles tras miércoles.

Parque de doce a dos. Música, baile, agua y calor. 

Los rollitos de Nocilla son más buenos cuando los haces tú, las salchicas más sabrosas, los filetes de pollo más en su punto.

Acampar en el salón de la abuela y descubrir que tu salón, aunque más pequeño es mejor. Dormir con Ada aunque haga calor.

La primera vez en un parque acuático. Más superación. Qué suerte encontrar amigos que te guien. Qué rabia medir justo 1,20 (o eso dice la señal), qué fastidio tener que esperar un año. Eso dices ahora, sin haber mirado abajo desde lo alto del tobogán amarillo, ahora que te tenía convencido. Habrá que esperar.

El explotar, el miedo, la verdad, el cambio, la ayuda, el más cambiar.

Siestas y teta...eso sigue igual. 7 años ya. Cada una la disfruto, pensando que puede no haber más. Quizás la de hoy haya sido la última. Lo confesó hace unos días llorando "no hay leche", "es un rollo crecer", "yo quiero seguir tomando tetita". Seguimos sí, a ratitos cortos pero seguimos. Ninguno de los dos está preparado, pero mi cuerpo dice ya. Viviremos nuestro duelo cuando se termine, o no, quizás sea tan progresivo que no nos demos cuenta. Quizás el próximo verano sea uno más.



Este año no ha habido viaje. El próximo...ya se verá. Tenemos en mente una idea, a ver si conseguimos hacerla realidad, que esa soy yo, la de "de noche voy a Madrid, de día me quedo aquí" (me leo ahí...cuanto he cambiado, cuanto ha cambiado todo)...a Madrid no, más lejos...Guardo en la mesita de noche el Carnet Viajero. Este no se me va a perder. Tendrá que esperar un años, pero lo rellenaremos, será nuestro diario de esa otra primera vez.



15 de junio de 2016

Tiempo de vínculo

Crear vínculos requiere tiempo. Tiempo y cariño y en esas andamos pasando los días. Desde que Ada llegó mucho ha cambiado. Unas rutinas se han ido para adoptar otras, las que necesitamos ahora, las que se adaptan al momento. Evolucionando. 

Se pueden contar con los dedos de una mano los libros que hemos leído. El momento cuento ha desaparecido (por ahora). No importa, se que volverá. Ahora es el tiempo de ella, de Ada. En un pis pas será un perro adulto. En nuestra mano está la relación, el vínculo, que hayamos establecido con ella. En nuestra mano está también vivir y sentir esta etapa, con sus cosas buenas y las no tanto, que no pase de puntillas.

Decía W que la primavera/verano era mala época para que un cachorro llegue a casa, que te hacía perderte muchas cosas (esas cervecitas veraniegas que tan bien sientas, esas largas tardes de piscina...). Yo creo que es justo lo contrario, que el buen tiempo y el TIEMPO (vacaciones de semana santa y de feria, fin de las extraescolares, fin del cole) nos permiten disfrutar de este nuevo ser y eso, crear vínculos. 

Los paseos mañaneros con la fresquita, las largas siestas de sofá, ir al campo, a la playa, parquear. Un no a tiempo, un saber escuchar. Conocernos, entendernos y querernos. Tiempo



Contando los días estamos para el final del cole. 5 quedan ya

25 de abril de 2016

Vidriera de papel. DIY

Nuestro piso es pequeñito y no muy luminoso. Para "engañar" a la vista impera el blanco en la decoración. Muebles, paredes y cortinas. El pasillo pequeñito como todo, tiene una fea puerta que da a un patio interior. Aunque blanca también desde el principio pensé en disimularla y para darle uniformidad al pasillo elegimos el visillo Matilda de Ikea de pared a pared. Ni muy translúcido ni muy opaco y con una sencillísima decoración. Quedaba genial. ¿Qué voy a decir yo? Pero no hay cosa más atrayente para un cachorro que una cortina movida con el viento así que de un día para otro...cortina fuera = pasillo feo.

La parte superior de la puerta era de cristal así que esa cortina también hacía que no nos vieran los vecinos pero sin quitar ni una mijita de luz. Había que buscar una solución para salvaguardar nuestra intimidad, decorar un poco y si además "rellenaba" un poco de nuestro tiempo y era lowcost total, mucho mejor...que no veas el dinero que se va en pienso.

Hacía unos días que había visto en facebook una publicación antigua de Marga de Margarita´s en la que había hecho con su Jamonus una vidriera con papel cebolla y cola. El efecto era muy chulo, fácil y barato. Algo así haríamos. quería algo más limpio que el agua cola. El forro adhesivo de los libros fue la solución.

Así que ¿qué necesitamos?

- Forro adhesivo para libros
- Papel cebolla de colores

El  procedimiento es tan obvio que me da hasta vergüenza explicarlo, pero va:

- Rasgas el papel cebolla en trozos irregulares
- Extiendes el forro adhesivo con la parte que pega hacia arriba
- Pegas el papel cebolla aleatoriamente
- Colocas la falsa vidriera en el cristal con papel celo o con washi tape

En mi caso, para obtener el alto de la ventana uní dos rollos superponiéndolos como un centímetro.

 



Y así de bien ha quedado



20 de abril de 2016

Niño, perro, patinete, parque...adios cirios y volantes

Eooooo!!!!! Hola, hellou, bonjour!!! Qué barbaridad, cuanto tiempo sin pasar por aquí y es que no consigo encontrar un minuto para sentarme al pc y cuando voy a hacerlo tengo tanto que contar que no se por donde empezar y me bloqueo. Así que anotación rápida para ubicarnos...¡¡¡somos uno más en casa!!! El bebé perruno llegó a casa en Semana Santa. Oh yeah! Aquí andamos volcados con Ada, en su adapatación y educación. 

La Semana Santa y la Feria se han pasado en un pis pas, sin apenas hacer otra cosa que disfrutar de ella y adapatarnos a ser uno más. Es pequeña todavía y no puede seguir nuestro ritmo a full pero nos las hemos apañado para hacer alguna salida de esas de matar varios pájaros de un tiro (que fea expersión, por cierto).

Niño, perro, patinete, parque, Costco, compra...planazo. Dice David que ir al skatepark con el patinete "mola mazo" y la verdad es que se echa un rato de lo más agradable allí al solete mientras la perrilla juega se come el cesped.

La primera vez que planteamos ir al skatepark fue dentro de las actividades de Navidad de #alumbrasevilla. Si digo que no sabía muy bien qué íbamos a hacer allí con un par de mocos de 5 y 6 años no miento y es que pensaba que aquello era una zona vetada para los no iniciados. Me sorprendió comprobar que convivían bibicletas, patines, patinetes, monopaties...y gentes de distintas edades y niveles, ese día además había música para rodar y fue toda una experiencia.

Al pollito le gusta llevarse al skatepark su patinete, uno de tres ruedas de Imaginarium que le regalaron los Reyes hace como cuatro años (nos ha salido superbueno el cacharro). Es un invento eso del patinete, no conozco niño al que no le guste y es que es mucho más fácil de manejar que un monopatín y es más versátil que una bicicleta, no ocupa tanto espacio y te lleva a todas partes. Tanto que ya hay también montones de adultos que los usan, si no que se lo digan a la familia Dinamita todos patinizados, que son para comérselos con papas.

Uno de los días de feria pasamos de los volantes y nos llevamos a Ada al skatepark. Allí estuvo el pollito un par de horas practicando el Freestyle Scooter, que así se llama este deporte, de lo que se entera una. Había varios niños con más o menos destrezas subiendo y tirándose por las rampas. David se amigó con uno un poco mayor que él y juntos se metieron en el foso. Lo que uno hacía el otro lo seguía. Me encanta esta forma de aprender entre iguales. Las ganas de ayudarse unos a otros, la de superarse continuamente, ese venirse arriba cuando se consigue un "nuevo truco". Me gusta esto del Freestyle Scooter y si ya pensábamos que tocaba jubilar el viejo patinete que tanto juego le ha dado, ya lo tenemos claro: regalo de cumple asegurado. 

He estado bicheando en la tienda de patinetes y casi me da un pasmo cuando he visto los precios, peeeeero gracias a su guía de compra me ha quedado claro que para empezar, con uno de gama baja vamos apañados. Ya habrá tiempo de invertir más si le sigue pareciendo que mola mazo.

Shhhh a mi la verdad es que me da mucho miedo ver las coas que hacen, sólo pienso en que van a caerse y espazunrrarse, pero intento adoptar la actitud de nuestro amigo J, confiar en el pollito y que sea lo que tenga que ser. Está bien ir con J al skate park, te da una confianza y una tranquilidad que te atreves a intentarlo...que se lo digan a mi culo

Ea, pues me ha pillado mirando la web y ha elegido. Este es el que le gusta, el patinete Scooter Krunk Stomp. Ahí queda para el mes que viene







1 de abril de 2016

Hoy leemos La increíble historia del puntito Chimpún

A este blog pongo por testigo que no empezaremos otro libro gordo de Jerónimo Stilton hasta después del cumple del pollito y es que nos ha tenido secuestrados, literariamente hablando, desde navidades. Qué coñazo. Que no digo que esté bien ni mal, pero la verdad es que se me ha hecho suuuuuuperpesado leerlo a trocitos cada noche. Qué monótono, qué aburrido, qué tostón. Pero oigan que al pollito le molaba eso de leer el mismo libro que se estaba leyendo su compañero LG y tenía un ligero pique de quien iba más adelantado que el otro. 

En realidad hace días, o más bien semanas que lo terminamos, pero estábamos estamos tan agotados que caíamos rendidos sin llegar a hincarle el diente a nada. En cola tenemos varios álbumes ilustrados y hoy por fin hemos llegado con fuerzas para disfrutar uno de ellos: La increíble historia del puntito Chimpún. Tengo que darle las gracias al café que me he tomado en la merienda, que ha hecho que no caiga cao después y tenga un ratito para sentarme al pc. Lo echo de menos ehhhh!



Que el protagonista de una historia sea un punto es un punto. Un punto y final, Chimpún. Nunca lo había pensando, pero es verdad, debe de ser jodido poner fin a todo. Chimpún. No me extraña que el pobre Chimpún anduviera llorando por los rincones, no era para menos. Cortar el punto así debe de ser difícil de llevar. ¿Puede haber algo peor que se un cortapunto?
¡Pero qué punto! apareció Chamchán, otro punto y ¿qué pasa si juntamos a Chumpún y Chamchán? :



Oh yeah!!! Ya no hay final. Dos puntos, la historia continúa, la canción no se acaba, el viaje se alarga hasta no poder más y va llegando el punto final. 


Me ha gustado la idea dotar de entidad a un pequeño ente gramatical. La forma de explicar el concepto de fin y de continuidad a través de estos dos personajes. Aprender jugando como tantas veces me recuerda David que es lo mejor. Un aplauso a Inma Muñoz por haber materializado su idea y haberse atrevido con la autoedición, valiente que es y un ¡bravo! por haber elegido a Vireta para ilustrarla. Ya sabéis que siento debilidad por su trabajo. No me parece nada fácil dotar de personalidad a un punto. Es genial el incremento del color en el punto de inflexión de la historia. La explosión de alegría cuando por fin no es el fin. Y esos pequeños Chimpún terminando los párrafos me han parecido la mar de tiernos y juguetones. 

Ojalá este librito no sea un Chimpún y en equilibrio con un Chamchán Inma y Vir sigan creando historias ortográficas para aprender disfrutando ¿Qué decís? ¿Chim-Chán?

La increible historia del puntito Chimpún distribuida con la editorial Olelibros ya está presente en muchas librerías y se vende en ebook en varios países. Podéis haceros con el ebook aquí y en papel aquí