29 de octubre de 2014

II Premio Plastilina & Blogger al mejor álbum ilustrado 2013

Parece que fue ayer cuando Juan, de la librería Plastilina en Cádiz, contactó conmigo para pedirme que fuera uno de los blogs colaboradores en el premio al mejor álbum ilustrado que estaba gestando. Un año ha pasado ya como un torpedo de rápido y ya está aquí la segunda edición.

El cartel del año pasado lo hizo Ara, la jefa de La Colina de Puck, el de este año lo ha hecho Marián, de Garabatos de Marián, ambas son amigas así que aún más vinculada me siento a este certamen :)

El Premio Plastilina & Blogger al mejor álbum ilustrado es un certamen en el que todos ponemos nuestro granito de arena. Un buen puñado de blogeros "expertos" en el tema aportamos un título. Entre ellos votamos a nuestros cinco favoritos y los cinco más votados pasan a las selección del público. Ahí entráis vosotros.

Se que por aquí hay gente tan forofa de la literatura infantil como este puñadito de blogeros, así que aquí tenéis los finalistas para que podáis votar a vuestro favorito (hasta el 23 de Noviembre). Entre ellos está el título que aporté este año, peeeero no os diré cuál es, pero si os parece divertido podéis dejar un comentario con el que creéis que es. Una pista...lo he reseñado por aquí. Echadle un ojo a la página De cuentos si queréis investigar.

Para votar sólo tenéis que pinchar en el corazoncito




27 de octubre de 2014

Esto es senderismo. Palabra de senderista avezada. Que no soy yo

Eso es lo que deberían habernos dicho cuando nos interesamos por una actividad que organizaba el club deportivo del que somos miembros. 

El cartel decía así: Ruta de senderismo de nivel bajo. 12 kilómetros. De tal a tal sitio. Llevar bocadillos o tupper y líquido abundante.

Preguntamos al monitor que nos serviría de guía para que nos orientara si era una actividad adecuada para hacer con nuestros peques (íríamos un grupito de amigos). Ha sido su profesor de natación, por lo que los conoce divinamente. 
Ohhhh si, si, perfectamente apta. Es una ruta que discurre todo el tiempo junto a un rio. No tiene ninguna subida, es prácticamente llana hasta el final que tiene una pequeña subida. Los niños mientras que vayan distraídos, entretenidos la hacen sin problemas. Los míos la han hecho. 
Bueno, verás, tus hijos suelen salir de ruta, están acostumbrados, los nuestros no.
No, no hay problema, de verdad de la buena.

A todo esto, el que me enredó fue el gallo, que nunca, jamas en la vida, propone ninguna actividad y esta vez lo gestionó con los amigos y me lo dieron ya cerrado. Y yo, poco acostumbra no pude (ni quise) decirle que ese día ya lo teníamos #enREDadosenfamilia, así que tuve que decirle a Mamá Gnomo que no participaría en el evento (con lo jartible que yo soy, con lo que me gusta un enredo, con lo que me gusta desvirtualizar a la gente con la que tengo contacto en las redes...a tomar por saco). En fin, mientras no exista el don de la ubicuidad...

Total, que nos compramos nuestras botas y preparamos nuestras cositas. Que no, que el gallo no se muere de hambre ni de sed, así tenga que alquilar un burro, pero no, esta vez los burros éramos nosotros. Dos mochilas, dos. 4 litros de agua, latas de cocacola, con su hielo y todo, patatas, frutos secos, gomitas, galletas, mandarinas para todo el grupo, bocadillos. ¿He dicho bocadillos? no, bocadillos no, sólo el relleno. El pan lo compraríamos la misma mañana. Meeeeeeeeeee...a las 7.30 de un sábado TODO esta cerrado.

Por primera vez en nuestras vidas llegamos los primeros a un sitio, quince minutos antes, que mi madre y su amiga tenían que coger la primera fila del autobus. Ah, ¿no lo he dicho? La abuela también se apuntó.

Caminito de Córdoba que nos fuimos. Llegamos, nos bajamos y empezamos a andar a "carajo sacao". Pin, pan, pina, pan. ïbamos de los primeros. David aguantaba la marcha superbien. Su amiga, que se había levantado con mal pie iba quejándose. Nosotros alucinábamos con su ritmo, con su actitud. 

Él- Mira mamá
Yo- Dale palanteeeeee que no dejas andar a los de detrás.

Pin, pan, pin, pan. Yo lo único que miraba era dónde pisar, que el sendero muy grande no era y el barranco llenito de espinos hasta el agua estaba a un solo paso. Un calor....Pin, pan, pin, pan. Felicitaciones y alabanzas para el pollito que estaba comportándose como un campeón. 

Llegamos a la parada técnica. Comenzaba la subida. Mi madre y su amiga sabiamente decidieron no subir y comerse el bocadillo allí abajo. Tentada estuve de hacer lo mismo, pero y si aquello era chulísimo y nos lo perdíamos, además después de comer David podría jugar un rato con su amiga. Subimos agarrándonos a las piedras. No era para tanto porque el trayecto era corto. Llegamos al lugar de destino. Un seminario abandonado, en ruinas. Me preguntaba dónde nos sentaríamos a comer, con todo el suelo lleno de cristales y cascotes. 

Llevábamos allí diez minutos cuando...¡venga señores, nos vamos! ¿Mandeeeeee? era la una de la tarde y comenzamos la vuelta. Sin poder tirar de nuestro cuerpo decidimos dejar pasar al grupo para quitarnos presiones. El pollito ya no llevaba el mismo fuelle. 7 kilómetros a ese ritmo eran demasiado, para él y para nosotros, pero había que volver. 

7 kilómetros de vuelta. Tres haría el pollito pidiendo descansar a cada rato. Cuando ya no pudo más lo cogía a caballito. Mamá, no puedo con mi cuerpo, me dormiría. Duérmete cariño. En mi mente resonaba la palabra mochila, mochila, mochila, como si de Dora exploradora se tratara. Mochila de porteo ergónomica, mochila con 3 kilos de mandarinas, un paquete de patatas, un litro de agua, 4 bocadillos...34ºC...sol, mucho sol. Pollito para ti pollito para mi, un ratito tu, un ratito yo. Un mojón para la baja intensidad y para la llanura del terreno.

Los oídos me zumbaban y palabrita del niño jesús que yo creía que me iba a desmayar, pero aguanté. Aguanté porque el gallo no estaba mejor que yo y porque no nos quedaba otra. No fuimos los últimos. Cuando llegamos al autobús, a las tres de la tarde el grupo se había ido a comer a una terraza cercana. ¡¡Sus mulas toas!! ¿para qué carajo hemos cargado con la comida? Allí me quedé, no fui capaz de dar un paso más.
Cuando íbamos de vuelta en el autobús, comentábamos cuales eran nuestras expectativas según la información que teníamos del cartel y del monitor-guía. Una caminata de 6 kilómetros (no 7), a ritmo de persona normal. Como era apta para niños y podían hacerla perfectamente si iban distraídos, contábamos con la posibilidad de que disfrutar del campo entreteniéndose en mirar una plantita, en buscar un bichito; nos deleitaríamos con los pajarillos, con las vistas del río; haríamos alguna paradita en las zonas sombrías y al llegar al seminario sacaríamos nuestros bocatas y descansaríamos allí charlando con el grupo. Ya repuestos y habiendo pasado un poco las horas de calor, emprenderíamos los 6 kilómetros de vuelta. 

Nada más alejado de la realidad y es que según nos dijo una señora en el autobús la mar de agradable: Es que el senderismo es esto, andar y andar. Para ver animales o plantas te vas al campo. 
Hay que joderse.

Así no oigan, así no vamos más, eso no es hacer senderismo, eso es salir a machacarse. 30 €, 3 horas de autobús, 5 horas y media andando. 33º C. No vimos absolutamente nada del paisaje, nada de nada más allá del suelo que pisábamos. Ni un pájaro, ni el cielo, ni la montaña más allá de un par de fotos, no me preguntéis qué árboles o arbustos había. El guejéeeee del cabrero nos acompañó todo el camino de vuelta, vimos 4 peces en el ría en una de nuestras paradas técnicas. No oímos pájaros, entre el lo estás haciendo muy bien campeón, y el zumbido de los oídos por la presión del esfuerzo y el calor. 

Con lo bonito que es echar un día de campo dando un paseo, escuchando los pajarillos, buscando las setas donde viven los gnomos, preguntando cuál es este árbol o aquella hierba, saltando hacia adelante y hacia atrás sin miedo a agotar los pasos. Sentándote a la sombra, bebiendo un sorbo de agua fresca mientras miras el agua y el cielo reflejado en ella. Cantando, charlando, contando historias. Una fotillo por aquí, otra por allá. Disfrutando del bocata tranquilo, descansando a la sombra tumbaditos en el suelo con los pies descalzos. Volver reconociendo hitos, aquella vuelta, ese recodo...terminar agotados pero felices. Pues no señores, eso no es senderismo.

Como resumen para las personas que se dediquen a organizar este tipo de actividades...por favor, INFORMACIÓN detallada y real. No digo más

Deseando estamos de repetir a nuestra manera








23 de octubre de 2014

Hoy leemos La niña que no quería cepillarse el cabello

Hoy leemos, como hace un par de semanas, gracias a Picarona, La niña que no quería cepillarse el cabello, que junto a ¡Otra vez! nos envió a casa para que los disfrutáramos además de cederlos para sortearlos por aquí. Pero eso, como siempre, al final :)
Qué cosa, mira que conozco a niñas (se me viene a la cabeza una en concreto) y niños también, a los que no les gusta mojarse la cabeza. Son esas cosillas que se arrastran de la época de bebé, que sin motivo ni porqué perduran en el tiempo. Pero no era el caso de esta niña. Ella se lavaba su preciosa melena todas las noches, pero nunca, nunca se la cepillaba, simplemente porque ella era así.

Imaginad cómo puede llegar a ponerse una melena, que te llega al lugar donde la espalda pierde su nombre, que nunca jamas ha sido peinada, como un nido quizás. Un mullido y cómodo nido para un ¡ratón! y después de ese otro y otro y otro asta formar una gran colonia sobre su cabeza.
Ella era feliz, le gustaban los ratoncitos, le hacían compañía y eran divertidos, no quería hacer nada para molestarlos, menos aún lavarse el pelo ¡se ahogarían! Pero pelo sucio y ratones...mala combinación y al final la situación fue insostenible.

Un libro rico en matices con el que tratar con los peques distintos temas:
La higiene, obviamente
El derecho a ser como queramos ser. La autoestima
La generosidad mal gestionada, anteponiendo a los demás a nosotros mismos
La amistad
La toma de decisiones, la resolución de conflictos
Las emociones
No puedo dejar de pensar, por asociación de ideas, en que este libro pase a formar parte de la biblioteca de esa niña a la que no le gusta lavarse el pelo. A ver que dice el pollito que es muy celoso de sus libros. 

Y ahora si, aquí van las bases para participar en el SORTEO. Son pocas y sencillas así que por favor sed rigurosos, también a la hora de completar el formulario, si queréis entrar en el sorteo.

1. Sigue a Picarona en facebook. Puedes hacerlo aquí
2. Comparte en Facebook de forma pública la publicación de este Sorteo. Esta
3. Completa el siguiente formulario 


El plazo para concursar termina el próximo VIERNES 31 de Octubre ^.^

El envío se realizará a todo el territorio español

Realizaré el sorteo mediante la web Sortea2 y me pondré en contacto con el ganador por mail. Si no obtuviera respuesta por su parte en tres días volvería a realizar el sorteo.

¡Mucha suerte a todos!


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20 de octubre de 2014

Perdón

Ya apunté que nuestra última etapa horrible había terminado drástica y "felizmente" con un enfrentamiento entre el pollito y yo. Ambos perdimos los papeles, ambos perdimos la batalla y es eso, paradójicamente, lo que nos hizo ganar la guerra sin vencedores ni vencidos. 

Pero después de una guerra toca recomponer todo lo que se ha dañado mientras se luchaba y para hacerlo no hay nada como pedir perdón. Fue lo primero que le dije: Perdóname. Si él se había portado mal, yo lo había hecho aún peor. Si él me había hecho daño, yo le había causado mucho más a él. Daño en el alma, que es el peor.

Con la comprensión que da haberse comportado de la misma forma y sentirlo en lo más profundo, nos perdonamos desde lo más hondo de nuestro ser, completamente arrepentidos. Desde el perdón pudimos volver a empezar, no desde cero, porque habíamos dado pasos de gigantes para no volver a caer en lo mismo (lo haremos en otras cosas).

Le contaba a una persona muy cercana lo que nos había pasado y al llegar a esa parte, la del perdón, se quedó sorprendida y contrariada de que se lo hubiera pedido a mi hijo. No creo que debas hacer eso, me dijo.
Más asombrada me quedé yo al escucharla ¿Como no hacerlo? ¿Como pedirle a él, exigirle incluso, que pida perdón por las cosas más nimias si yo no lo hago cuando me equivoco tanto? Es tal el contrasentido que no puedo llegar a entender cómo puede siquiera pasar por la mente de alguien que pedir perdón no sea correcto.

Sin embargo, no es esa persona una excepción, no es raro encontrarse a quién piensa que si pides perdón a tu hijo estás perdido, estás revelando tus miserias, tus flaquezas, estás dejando de ser ese dios todopoderoso para él. Pero ¿qué dios? ¿uno que se equivoca una y mil veces, tantas como él mismo? ¿uno que se pasa la vida probando, ensayando, aprendiendo, errando y acertando a base de intentos?  Qué dios más humano entonces, bendito sea.
Así soy y así quiero que me vea, un ser imperfecto que se equivoca en su lucha por acertar. Si ellos son nuestro reflejo, no quiero que se tope con una imagen de idealidad inalcanzable. Eso no existe. No soy perfecta, no es perfecto, pero eso no importa, no lo espero de él ni de mi, tan sólo que nos esforcemos lo suficiente para ser un poquito mejor cada día, para no conformarnos con el: "Así soy yo" que mata toda posibilidad de cambio.

En eso estamos, intentándolo cada día.



Otras reflexiones en esta línea:
Saber pedir perdón a nuestros hijos. Reflexiones de una madre psicóloga

17 de octubre de 2014

Hoy leemos ¿De quién es ese rabo?

Me quejo mucho de que la sección infantil de la biblioteca de nuestro barrio tiene pocas novedades, de que no abundan los álbumes ilustrados y que hay editoriales que me encantan que no tienen casi o ninguna presencia.

Me confieso prejuiciosa en cuanto a editoriales se refiere. Se que con algunas como tengo casi asegurado el acierto y otras en cambio...por es genial ir con otras personas a la biblioteca, porque a través suya descubres algunos tesoros. Este es el caso de ¿De quién es este rabo? y de El Estornudo. Pero vayamos a por el primero y dejemos el otro para cuando llegue el frío.
¿De quién es este rabo? de la editorial Susaeta. No puedo evitarlo, pero normalmente, lo que ofrece esta editorial está en el punto opuesto de lo que me atráe de un libro. Salvando algunas excepciones (que en un fondo editorial tan grande tiene que haberlas) y esta es una de ellas.

Cuando se lo escuché contar a María me quedé ¡wowwwwwww que chulo! y lo es.

¿De quién es este rabo? es un libro juego que consiste en adivinar a quién pertenece el rabo de quién se esconde detrás de cada página. Si eso de por si es divertido porque te llevas más de una sorpresa, más aún lo es la descripción de cada animal con unas rimas ingeniosas tomando como base los nombres más divertido todavía de los animales. El pollito se reía a carcajadas al pasar cada página y escuchar cosas como
"Casimiro, que es camello, tiene novia y mucho vello" o "Doña Lucero la vaca feliz pace feliz y hace caca" (ya se sabe que las cacas siempre son un acierto. Como prueba está El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza y El libro de la caca)
Las ilustraciones me venían a recordar los dibujos que mi abuelo José hacía cunado era pequeña, así que me han parecido entrañables por "toscas" y simples. Geniales.
Sin dudarlo lo añadiría a nuestra pequebiblioteca. ¿Como puede ser tan barato un libro tan bueno? Penita me da que no lo encuentro. Será que es del 99. ¡Madre del amor hermoso! 

PD. 

15 de octubre de 2014

Pasta carbonara. La cocinamos así

Hace mil que vi esta receta, quizás pudo ser en uno de esos programas de Carlos Arguiñano, no lo recuerdo, pero el caso es desde aquel momento pasó a formar parte de las recetas típicalish mi casa, como el arroz con pollo al curry.





Refreimos la cebolla hasta que esté pocha (transparente y bien blandita). Añadimos los champiñones y el bacon y rehogamos.

Cuando el bacon está cocinado añadimos el ingrediente secreto y a fuego fuerte dejamos que se evapore el alcohol unos minutos.
Añadimos la nata, la nuez moscada, la pimienta, sal y dejamos reducir.

Lo ideal es comerla en justo al terminar de hacerla, porque si esperas un ratito y tienes que volver a calentarla se queda sequita, como así (foto) y aunque buena, no tiene nada que ver con la cremosidad de recién hecha.
Un poquito de queso rallado por encima se te gusta y approfittare

13 de octubre de 2014

De la necesidad de simplificar

Que no iba a poder mantener el ritmo de los últimos dos años era evidente, todos me lo decían. No es que no quisiera verlo, es que prefería intentarlo mientras tuviera fuerzas. Ese era el momento, así tenía que ser. Pero todo se termina, pasan las etapas, cambian las necesidades. Ahí estoy, cambiando.

Hice la prueba en verano, me fui alejando, poquito a poco, casi sin que se notara (o si). Menos publicaciones en redes sociales, menos tiempo por allí. Que son grandes ladronas de tiempo no hace falta que lo diga yo.

Decían y creía que al volver al curso, al comenzar la rutina, me metería de lleno de nuevo en ese mundo, pero no. Ya no me apetece, ya no siento la necesidad de estar en contacto con todos en cada momento. Durante unos años lo necesité, necesité el apoyo, la compañía, la comprensión, la apertura que brindan, pero ya no. Ahora estoy en momento "concha", siento la necesidad de simplificar mi vida, dedicarme a mi familia sin distracciones, en cuerpo y mente, replegada.

Han sido muchos los momentos en los que he estado con los míos sin estar, intentando disfrutar del momento con una voz que me gritaba todo lo que debería estar haciendo, atormentándome. Ahora no quiero tener que acallarla, simplemente no quiero que exista y para eso lo mejor es dejar cosas atrás. No quiero pasarme el día corriendo, estresada por no llegar a todo (abstente de decirme que no llegaba por falta de organización porque puedo picotearte la cabeza).

En parte fue esa necesidad la que me dio el empujón para no meterme en el proyecto que surgió a finales de verano. También es uno de los motivos para dejar de ser consultora de My Little Book Box. Me sigue entusiasmando el producto, pero no quiero robarle tiempo a mi familia dedicándoselo a otras, no me compensa.

Necesito tiempo para hacer la casa tranquila, disfrutar cocinando, pudiendo dedicar una mañana a tomar café con una amiga o una tarde a salir con mi madre, llevar al peque a las extraescolares o estar en el parque pasando las horas. Dormirme cuando me apetezca y despertarme descansada. Ver una peli tumbada en el sofá con mi otra mitad o leer un rato. Salir a caminar cada día o sentarme en un banco al volver del mercado. Mantener este rincón porque me gusta sin objetivos ni expectativas. Necesito frenar y saborear.
Imágen
Eso estoy haciendo. Si me leísteis cuando hablaba de dimitir de madre, sabed que estamos bien, muy bien. Hubo un momento catártico horrible para los dos pero a todas luces necesario. Un antes y un después que terminó de empujar al cambio.

¿Cuanto durará esta nueva forma de tomarme la vida? No lo se, pero sea el tiempo que sea disfrutaré de él.

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