23 de abril de 2014

Un Día del Libro muy especial

¡¡Hoy es el Día del Libro!! ¡¡Yujuu!! me gusta este día porque es la excusa perfecta (como si la necesitara) para regalarle un libro al peque, para soñar con que el gallo me regala uno (sigue soñando Carmen, que aunque lo has etiquetado en face en una ilustración de El libro que hará que te encanten los libros, no caerá la breva de darse por aludido), de participar de activiades relacionadas con ellos y de ver muros, noticias y blogs inundados de ellos.

Me tengo preparada una agenda apretada:

1:03 Escribir el post de hoy. Si, este mismo.
1:04 Tener la maravillosa idea de hacer una florpompom, porque tu peque no se va a quedar ni sin libro ni sin rosa
2:23 Flor terminada, continuar con el post. Objetivo: terminarlo antes de las 3:00
2:53 Tomarme la licencia para pasarme por La Colina de Puck y ver los ganadores de su II Edición del Concurso de Cuentos (Enhorabuena a todos, sobretodo a ¡¡¡Bego!!!)
Vanalidades a parte como dormir
8:30 ¡¡¡Regalo!!! El sueño de Matías de Leo Lionni publicado por Kalandraka (Con motivo del proyecto del cole Los Museos y en honor a su primo)

9:45 Lectura conjunta de Platero y yo en la clase del pollito. Inciso:
Me juego la lapidación peeeero NO me gusta ese libro. Recuerdo haberlo leído en el cole y que me pareció un coñazo, empalagoso y aburrido y haber ido de excursión a la casa de Juan Ramón Jiménez y parecerme otro coñazo. Bien, sé que las cosas no se ven igual con ocho años que con 37 (¿36?), le daré otra oportunidad.
De las manitas de Ventiladores de Colores
 Retomo la agenda...recoger al pollito, almuerzo, bla, bla, bla...
16:05 Objetivo: Escaparme a leer Catálogo de Besos a los sillones de Laextra Vagante
19:30 PRESENTACIÓN, CONTADA Y FIRMA DE LIBROS de "TITO, MI GRAN AMIGO" mis amigas PILAR REDONDO Y MARIÁN BOMBARELLI (De Repente Mami) en Ínsula Barataria.


Qué ilusión más grande, que nervios, que orgullo, que ganas de disfrutar de ese momento, porque no todos los días personas a las que quieres tienen su puesta de largo como autora e ilustradora de un álbum ilustrado. Pero no digo más, lo dejo para el viernes y su #hoyleemos

Y colorín colorado, este Día del Libro se habrá acabado

Felices lecturas

PD: Después de la lectura de Platero, me sigue pareciendo eso que dije antes, pero la experiencia de la actividad con los peques ha estado genial. Platero articulado (gracias a Concha Jiménez), algodoncito pegado y spray de aerosol. Chulo, chulo y resultón ;)


21 de abril de 2014

La magia de la infancia

Leía Estoy harta de hacer que la infancia de mis hijos sea mágica y lo compartía en facebook con el comentario: En perpectiva. Así creo que debemos leerlo para reflexionar sobre él, con perspectiva.

Creo que el artículo hace una mezcla de tantos aspectos que es imposible posicionarse a favor o en contra. Aunque en realidad no hay porqué hacerlo. Por mi parte, hay cosas en las que coincido y cosas en las que no.

Si os apetece leerlo con calma, más de una vez si queréis antes de seguir leyendo. Quiero extenderme en el tema párrafo a párrafo, si no no creo que se entendiera. En azul el artículo original.
Pintores
Si nuestras abuelas y bisabuelas vieran la presión que las madres de hoy en día se autoimponen, pensarían que estamos enfermas. Cada uno se autoimpone presiones en un sentido. A mi modo de ver más presión se autoimponían ellas teniendo la casa como los chorros del oro, la ropa impoluta, los niños "educados" (dícese sin molestar)...Para mi ellas podrían ser las enfermas. Y es que cualquier actidud llevada la extremo es enfermiza. Sin embargo si son cosas autoimpuestas, es decir elegidas libremente, allá cada cual con ellas.
¿Desde cuándo ser una buena madre significa pasarse los días haciendo manualidades complicadas para los niños, convirtiendo sus habitaciones en portadas de revista con obras de arte de Ikea y vistiéndoles a la última moda, siempre combinados? Buena madre, mala madre. Qué pereza me da el tema. No es una cuestión de etiquetas, no es cuestión de conseguir una medalla. Es cuestión de ser feliz y a mi me hace feliz pasar tiempo haciendo manualidades, leyendo cuentos, mirando la tele, o lo que sea. Y si su habitación, como el resto de la casa, luce un aspecto bonito (para nuestro gusto), con láminas de ikea, de Vir Vireta, de la Niña sin nombre o de quién sea ¿Qué hay de malo? Todos nos sentimos mejor en un ambiente agradable igual que cuando vamos "bien" vestidos. Entrecomillo bien porque aquí entra el gusto de cada uno y eso es lo importante, la individualidad. Sigo preguntándome si hay un decálogo de la buena/mala madre. Qué hartura
No creo en absoluto que las madres modernas quieran más a sus hijos de lo que nuestras bisabuelas querían a los suyos. Simplemente, nos sentimos obligadas a demostrarlo con ridículas y caras fiestas de cumpleaños repletas de cupcakes caseros con 18 toppings diferentes y un sinfín de regalos. Creo que esto es mezclar churras con merinas. ¿Obligadas por quién? En ese desprecio por esas ridículas y caras fiestas, me parece notar un deje de envidia o de no se qué. ¿Ridículas? Si una persona quiere dedicarse a hacer algo que le gusta, preparar chorrocientos cupcakes con diferentes frosting, con banderines y toppins diseñados por ella misma a base de horas. ¿Qué tiene de ridículo dar rienda así a su creatividad, hacer algo que le gusta? Y si después se siente orgullosa de ver lo que con su esfuerzo a conseguido ¿no es eso digno de alabanza? y si además los que van a la fiesta se sienten bien por estar rodeado de cosas bonitas, ¿no es el colmo del colmo? y sobre todo ¿A quién hace daño?
En los últimos años, me he visto metida en ese modelo paternal de cualquier cosa que hagas, yo puedo hacerla mejor, que se basa en buscar ideas en Pinterest, reproducirlas a la perfección y compartir la foto con desconocidos y amigos a través de blogs y de Facebook. Seré muy inocente porque no creo que nadie comparta en las redes sociales alguna preciosura que ha creado para decir "yo mejor" sino más bien para decir "yo también". Ni más ni menos que cuando nuestra abuela probaba el bizcocho de la vecina, le pedía la receta, lo hacía a la tarde siguiente y encima la invitaba para que le diera el visto bueno. Yo también. No creo que haya tanto de "yo mejor". Hablando de mi: yo soy yo y mis circunstancias. Intento hacer lo que me hace feliz y hace feliz a los míos. Sin más pretensión que esa y al compartirlo, quizás inspirar a otras personas. Se ve que lo de inspirar está mal visto. Pinterest, el demonio.

De repente, me di cuenta: no tenemos por qué hacer que la infancia de nuestros hijos sea mágica. La infancia ya es mágica de por sí, incluso cuando no es perfecta.  Ahí creo que radica la equivocación del artículo y el acierto. Efectivamente la infancia es una etapa mágica de por sí, hace falta muy poco para que un niño la viva con intensidad, que tenga preciosos recuerdos. Eso recuerdos pueden ser 10, 50 o 1000 en parte gracias a nosotros. Mi infancia no fue perfecta y no éramos ricos, (perfección y riqueza rara vez van de la mano. Es más, la perfección no existe) pero me lo pasaba muy bien en mis cumpleaños porque mis amigos venían. Lo importante no eran los regalos, ni la decoración al detalle, ni nada de eso. Nos bastaba con explotar globos, correr por el patio y comer tarta. Bastante simple, pero mágico. Es lo que recuerdo de esos momentos.
En Navidad, mis padres nos compraban dos regalos a cada uno, teniendo en cuenta que éramos cuatro niños y que sus ingresos eran limitados. No había campañas que estuvieran machacando desde noviembre con las actividades que había que marcar en el calendario. No había chuches especiales navideñas, y pocos adornos (si es que había alguno). Ni siquiera preparábamos galletas. La camaradería al hacer la masa, el olor de la canela al hornearse, saborear algo que habéis hecho juntos...un recuerdo que no pudiste atesorar. Lo que nos hacía realmente felices era meternos en una cama los cuatro pensando que podríamos oír a Papá Noel colarse por la chimenea. Era muy divertido intentar aguantar toda la noche despiertos, cuchichear, reírnos juntos, y desear con ansia que se hiciera de día. Era mágico. Nunca sentí que me faltara algo. Dicen que no puede echarse de menos lo que no se ha tenido. Algo así vendría a ser. Efectivamente no puedes sentir que te falta algo porque no te falta, esas son tus experiencias. ¿Pero que pasa si esa experiencas se multiplicaran por 1000? ¿Si a esa lista de recuerdos añadieras muchos más? Pues que sería aún mejor.

No recuerdo una sola vez en que mis padres hicieran manualidades conmigo. Las manualidades era algo que se hacía en el colegio. Otro recuerdo perdido. Las únicas manualidades que recuerdo son las que hacía mi madre en su tiempo libre. A menudo me adormecía el ruido de su máquina de coser cuando se ponía a arreglar el bajo de nuestros pantalones o a convertir un trozo de tela en accesorios para el pelo que luego vendía.
En casa jugábamos. Todo el rato. Después de la escuela, volvíamos andando desde la parada de autobús, dejábamos la mochila y mi madre nos empujaba a salir de casa. Nos quedábamos con los niños del vecindario hasta la hora de cenar. Era otra época... Ahora, muy pocos de nosotros dejamos que nuestros hijos anden solos por ahí (Efectivamente eran otros tiempos). Además, cuando éramos niños y estábamos en casa, jugábamos por nuestra cuenta. Teníamos nuestros juegos, hacíamos fortalezas con mantas, veíamos la televisión, bajábamos por las escaleras con almohadas. Nuestros padres no eran los responsables de nuestra diversión. Si se nos ocurría murmurar las palabras mágicas "estoy aburrido", en un momento nos daban una lista de tareas. No puedo recordar el ruído de la máquina de coser de mi madre, pero puedo recordar las tardes fabricando puzzles con ella para que consiguiera aprenderme las comunidades autónomas y todas sus provincias. Nunca jugaste con tus padres. Menos vivencias que atesorar. Yo recuerdo jugar a las cocinitas en la playa, las guerras de cosquillas, volar gracias a sus piernas, cabañas improvisadas que permanecían semanas...y ella ahí conmigo a veces, otras con amigos, otras sola. Más recuerdos mágicos.
Echo la vista atrás a mi infancia y sonrío. Todavía me acuerdo de cómo era eso de divertirse sin preocupaciones. Lo recuerdo y lo añoro, pero tengo suerte, lo vuelvo a vivir día a dia con mi hijo
Mis padres se ocuparon de mantenernos calientes y alimentados, y ocasionalmente planeaban alguna actividad especial para nosotros (la pizza de los viernes por la noche era una tradición), pero en el día a día, nos las apañábamos por nuestra cuenta. Rara vez jugaban con nosotros. Aparte de la típica caja de cartón vacía que encontrábamos en las puertas de cualquier tienda, no nos regalaban juguetes a no ser que fuera nuestro cumpleaños o una fiesta especial. Nuestros padres estaban ahí siempre que necesitábamos algo, o en caso de accidente, pero no eran nuestra principal fuente de diversión. Esa visión de los padres como meros veladores por las necesidades materiales de sus hijos me parece limitante y triste, muy triste. Comida y calor, ¿ahí termina todo? A un perro le das cariño, lo acaricias, juegas con él. ¿Con un hijo no? Qué de cosas te estás perdiendo entonces y de cuanto lo estás privando. No entiendo así la maternidad/paternidad.

Hoy en día, se hace creer a los padres que lo que beneficia a los hijos es estar constantemente con ellos, mano a mano, cara a cara: "¿Qué necesitas, cariño mío? ¿Qué puedo hacer para que tu infancia sea increíble?". En una visita a Pinterest, es inevitable ver cosas como "100 ideas de manualidades para verano", "200 actividades caseras para invierno", "600 cosas que puedes hacer con tus hijos en vacaciones", "12.000 millones de estrategias para el Ratoncito Pérez", "400 billones de ideas para fiestas de cumpleaños temáticas", etc.
Los padres no son los que hacen que la infancia sea mágica. Está claro que los casos de violencia y abandono sí pueden arruinarla, pero, en general, la magia es algo inherente a la edad. Cierto, pero podemos ayudar. Ver el mundo desde los ojos inocentes de un niño es mágico. ¿Cómo ver con sus ojos si no estás a su altura? ¿Sin vivir junto a él, sin disfrutar con él? Jugar con la nieve en invierno cuando tienes cinco años es mágico. Perderse entre los juguetes tirados por el suelo es mágico. Recoger piedras y guadárselas en el bolsillo es mágico. Andar con un palo es mágico. Dificilmente pueda mi hijo jugar con la nieve en invierno si nosotros no planeamos un viaje, igual que la playa o la montaña. Perderse entre los juguetes tirados por el suelo, no podrá hacerlo si no le compramos juguetes (y no digo mil y uno cada día)...recoger piedras, andar con un palo...todo son cosas en las que los padres tenemos que poner nuestro granito de arena, sino es imposible que vivan esas experiencias. Mi hijo no puede salir a la calle y vivir todo eso sin más. Quizás sean nuestras circunstancias especiales, aunque no lo creo.
No es nuestra responsabilidad crear y proporcionar recuerdos mágicos cada día, como si se tratara de una obligación. Sí creo que es nuestra responsabilidad, pero nunca que sea una obligación. No propicio que viva experiencias por obligación sino por el puro placer de verlo feliz. Por el mero gusto de que pasen los meses y me diga: ¿Te acuerdas mamá cuando fuimos a montar en burro? ¿Te acuerdas mamá lo bien que nos salieron los croisants? ¿Te acuerdas mamá del teatrillo que fabricamos papá y yo? Recuerdos para echar en la bolsita de la memoria. Recuerdos que irán ligados a nosotros, sus padres. No pasará mucho tiempo en el que en esos recuerdos mágicos no seamos nosotros la compañía sino los amigos o el primer amor.
Nada de esto niega la importancia del tiempo que se pasa en familia. Una cosa es, sin embargo, concentrarse en pasar tiempo juntos y otra cosa muy diferente es concentrarse en la construcción de una actividad. Una puede concebirse como algo forzado, con un objetivo predeterminado, mientras que la otra es más relajada y natural. Los padres se sienten tan obligados a crear experiencias que se puede palpar la enorme presión que soportan. Completamente de acuerdo. La expectativas rara vez se ven satisfechas.

Me han dicho que cuando tenía cinco años fuimos a Disneyland. Yo no me acuerdo de haber ido, pero he visto las fotos borrosas de aquel momento. En cambio, lo que sí recuerdo con esa edad es un disfraz de pirata que me encantaba, coger ciruelas del árbol de enfrente de mi casa, las rocas que me gustaba escalar y mi perro, con el que jugaba en las escaleras del portal.
No me acuerdo de las vacaciones para las que mis padres probablemente estuvieron ahorrando durante meses; seguro que, más que nada, fueron estresantes. El lugar más mágico de mi infancia no era ningún parque de atracciones; era mi casa, mi cama, mi patio, mis amigos, mi familia, mis libros y mi propia mente.
Cuando hacemos de la vida una gran producción, nuestros hijos se convierten en el público, y crece su apetito por el entretenimiento. ¿Estamos criando a una generación de personas incapaces de encontrar la belleza en lo mundano? No entiendo esta última pregunta. ¿Acaso disfrutar de un teatro en menos mundano que coger flores en el campo?
¿Queremos enseñar a nuestros hijos que la magia de la vida es algo que viene en un envoltorio precioso, o que la magia es algo que cada uno tiene que descubrir por sí mismo?
Planear todo tipo de acontecimientos, trabajos manuales y vacaciones caras no resulta dañino para nuestros hijos. Sin embargo, si las ansias por querer hacer de todo proceden de la presión o de la idea de que todo lo anterior es una parte imprescindible en la infancia de cualquier persona, deberíamos replantearnos mejor las cosas. Efectivamente, si se hace como obligación, o por ansias de ese famoso "yo más" en vez de por puro placer y disfrute, mal vamos.
Una infancia sin las manualidades de Pinterest puede ser igualmente mágica. Una infancia sin viajar en vacaciones también puede ser mágica. La magia de la que hablamos, y la que queremos que nuestros hijos experimenten, no sale de nuestra creatividad, no consiste en eso. La podemos descubrir en la tranquilidad de un arroyo, en el tobogán del parque, y en la risa inocente de una nueva vida. Paréce ser que hacer manualidades y jugar en el parque estuvieran reñidos. Venga, un esfuerzo. No hay que escoger una cosa u otra, se puede disfrutar de todo, sin exclusiones.
Estamos constantemente escuchando que los niños de hoy en día no hacen suficiente ejercicio; pero, quizás, el músculo que menos ejercitan es la imaginación, ya que intentamos encontrar desesperadamente la receta para algo que ya existe. Con esta afirmación me pierdo del todo. 

Texto de Bunmi  Laditan traducido por Marina Velasco Serrano. Publicado en El Huffington post el 11-04-2014 http://www.huffingtonpost.es/bunmi-laditan/estoy-harta-de-hacer-que-_b_5117045.html

18 de abril de 2014

La maleta viajera de los cuentos. La bella y la Bestia

El viernes de Dolores salió el pollito del cole cargadito, como todos sus compañeros, con los trabajos que han hecho durante todo el trimestre. No dejaba de decirme lo mucho que trabajan y vaya si es cierto. ¡Cómo pesaba! Me llevé una alegría, era su turno de "la maleta viajera de los cuentos".
Una de las actividades para el fomento de la lectura. Se trata de una pequeña bolsa con siete libros de diferente formato y estilo de la editorial La Galera. Cada niño lo lleva a casa una semana, de lunes a jueves y el viernes se lo lleva otro niño. Está pensado para que los padres leamos con ellos un cuento cada día, para obligarnos de alguna forma a que al menos durante una semana compartamos con ellos un rato con un libro entre las manos. Después de leerlos todos, cada niño tiene que escribir en un librillo el título de su favorito y hacer un dibujo referente a él.

Esos eran nuestros deberes para las vacaciones. Qué disgusto más grande, con lo poquito que nos gustan esos momentos ;)

Esos siente libros se han acumulado en la mesita de noche junto a los cuatro que nos trajimos de la biblioteca y al Emocionario. Aunque ambos nos tragamos lo que nos echen, como se suele decir, para mi gusto no son nada del otro mundo. No compraría ninguno en una librería y probablemente tampoco los cogería en la biblioteca, quizás si lo hiciera el pollito, aunque lo dudo. 

Sin embargo la otra noche me llevé un ¡zas! en toda la boca. Nos tocaba La Bella y la Bestia. Desde el minuto cero el pollito se metió en la historia. Se quedaba absorto mirando las ilustraciones mientras yo le iba leyendo. Creo que estaba viviendo el cuento muy, muy intensamente. Yo lo observaba mientras en mi interior pensaba lo malo que era el cuento, que no se parecía en nada a la versión Disney, para a continuación reirme de mi misma por dejarme atrapar por el mundo de la factoría, olvidándome que como en otras de sus películas, la suya no es sino una versión edulcorada de los originales.

Lo cierto es que él lo disfrutó muchísimo. No hizo ni un sólo comentario, ni tan siquiera pestañeó hasta el final, en el que dejó escapar un suspiro y dijo muy bajito: Me ha gustado mucho.

Después me confesó que le había dado un poco de miedo. 

Sea como sea esta maletita está siendo toda una lección para mi, recordándome, al igual que me pasa con My Little Book Box, que tras una portada, una ilustración o un texto que no elegiría puede haber un tesorito esperando a hacer las delicias de mi pollito y de paso, las mías.

PD. No enlazo este post al carnaval porque realmente no reseño ningún libro, pero recojo aquí las otras aportaciones al carnaval,
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16 de abril de 2014

Un deshaogo

Aprovechando que no hay mucha gente por aquí voy a dedicarme a hacer eso mismo que hago casi todo el día: quejarme de la falta de tiempo, oooootra vez.

Si ya iba de culo antes de meterme de lleno con My Little Book Box, ahora ya ni te cuento. Contactar con la gente, concretar fecha para las reuniones, gestionar la intranet, hacer las actividades...le dedico un tiempo que tengo que quitarle a otras cosas. No me cuesta mucho porque me gusta ese trabajo, cobro por ello y oigan, cualquier motivo es bueno para dedicarme un poco menos a la casa.

Ahí no queda la cosa con ellos, porque me ofrecieron  llevar el primer grupo de consultoras de Andalucía y obviamente mi respuesta fue ¡Si!. Así que añadamos la formación de las nuevas consultoras, hacer comunidad entre nosotras, compartir experiencias, solventar dudas, creer juntas. Si, también me gusta.

No contenta con eso, de forma paralela a ser consultora de My Little Book Box me ofrecieron desde una empresa grande ser parte de un blog nuevo que iban a lanzar sobre mi ciudad, cubriría la temática familiar. ¿Cómo iba a decir que no si también eso me gusta? Otro poquito menos de tiempo para todo lo demás.

Durante estos últimos meses me ha costado mucho, mucho trabajo dedicarme a mi gallinero, lo he hecho a veces a duras penas, sin ganas incluso, por obligación casi. Recuerdo que leí a alguna blogera atravesando una etapa parecida diciendo que si dejaba de publicar en los días que se tenía marcado, corría el riesgo de ver que no se acababa el mundo y dejar de actualizar por siempre jamás. Algo así podría pasarme y no quiero que suceda, así que fiel a mi misma, a este espacio y a mi recien descubierto carácter perseverante aquí sigo.

No leo ningún blog, ni los imprescindibles para mi, los de mis amigas 2.0 que están tan ocupadas como yo, a las que tanto echo de menos. He vivido casi en exclusiva para el trabajo. Eso tiene varias consecuencias y todas hacen que la losa de actualizar pese más. Si no vives no tienes de qué hablar, si no lees no te inspiras, si no haces ninguna de las dos cosas estás muerto (como blogger me refiero).

Tenía taaaaaantas ganas de que llegara este obligatorio parón de semana santa que no veía la hora. Estos días están siendo una gran dósis de vitaminas energizantes. Estamos viviendo cada día sin prisas. Aprovechando cada minuto para hacer guerras de cosquillas, para ordenar el armario, jugar a lo que se tercie, quitar la pila de ropa para planchar, darnos un masaje de pies tumbados en el sofá, ver la tele, hacer actividades chulas en familia, comer bien y mal, hacer la compra y largas sobremesas, meriendas ricas y caseras, hacer gestiones, incluso ¡leer blogs!
El último sorbo de la copita de orujo
Uhmmmm qué delicia de vacaciones

Dice mi madre, que está de vacaciones también (trabaja en un banco) que es una gloria vivir así. La chafo cuando le digo que la pena es que no pueda ser así siempre. Esto son lo que son vacaciones. Sin ritmos, sin tiempos, sin obligaciones.

Ahora me preguntan si quiero participar aquí y allí y yo, que tengo tanto tiempo digo ¡¡Si!! Cómo no hacerlo si me gusta. Dice el gallo que ese es mi problema, que todo em gusta.

Hace mucho tiempo que soy consciente (y los que me rodéan también) que necesito gestionar mi tiempo,  correctamente, cosa que no hago ni por asomo. El tema es que primero tengo que sacar tiempo para aprender a gestionarlo de forma correcta. Qué pescadilla. Por lo pronto dejo aquí un post sobre la gestión del tiempo que me ha gustado.

Pensaba escribir al menos seis post que me rondan la mente en el rato que le he dedicado a este largo deshaogo, pero va a ser que tengo sueño, así que me voy a la cama. Que paséis un buen día








14 de abril de 2014

Semana Santa. Un año más

De nuevo Semana Santa.
De nuevo el intrínculi. De nuevo las preguntas. De nuevo el no saber cómo, ni qué contestar.

Ni el gallo ni yo somos muy católicos ni muy creyentes. A los dos nos da un poco de grima el tema eclesiástico. Supongo que quizás ambos creemos a nuestra manera. Desde luego no en ese dios que se promulga desde el púlpito. 

Folklore, cultura, eso es en gran parte esta semana. Arte sí. Por eso me emociono cuando escucho una marcha, cuando oigo el sonido de las bambalínas golpeando los barales, cuando veo caer pétalos del cielo. Me emociono porque se despiertan mis sentidos. Totalmente alejados del significado de esas esculturas. 

¿Cómo explicar a un niño de cuatro años aquello? Esos hombres malos que golpearon, humillaron, vejaron y mataron a otro. ¿Qué habría hecho para merecer tanto? ¿Cómo merecer, es que alguien puede merecer algo así? ¿No está mal pegar en cualquier circunstancia? Es eso lo que le inculcamos. Y esa mujer, de la misma edad en apariencia del que dicen que es su hijo. El mismo que hace sólo unos meses nació en el portal. Ese mismo al que rezan Jesusito de mi vida en clase de religión. 

Porque sí, el pollito va a clase de religión. En su momento nos pareció lo mejor. Que se imbuyera de la cultura que nos rodea, que aprevechara el tiempo. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? Ninguno.

Ahora que si la religión puntutará a nivel académico. ¿Es lógico eso en un país teóricamente aconfesional? 

Cuanta hipocresía. Me incluyo por nuestra decisión de que cursara religión en lugar de alternativa. ¿Cuantas parejas se casan por la iglesia, cuantas bautizan a sus hijos, cuantos hacen la comunión y se confirman sólo por aparentar, por las fotos, por rutina, porque sí, por no salirse del plato? ¿Cuantos tan siquiera piden la extrema unción en el momento de su muerte? ¿Cuantas viven la religión día a día?

Quizás sí su religión, la de cada uno, la que nos construímos a nuestra justa medida. La que cubre nuestras necesidades, la que le da un poco más de sentido a todo. Esa es la que me gusta. La mía.
Imágen aquí

11 de abril de 2014

¿A dónde van los besos?

Cuando alguien da referencias sobre ti calificándote como "forofa de los cuentos" piensas ¡guay! Trasmito lo que siento. Porque sí, me encantan.

Cuando con ese forofa de los cuentos llaman a tu puerta para darte a conocer un proyecto bonito, bonito, te tratan con cariño y para colmo se trata de un "libro para los peques"...la colaboración está servida. Se me conquista con muy poquito o con mucho, según se mire, porque para mi, que me ofrezcan hacerme llegar un ejemplar de un cuento para que lo disfrute con mi peque sin pedir nada a cambio es MUCHO. Porque nada me pidió Laura de Pekefriendly.

El libro llegó, con el detalle de una chapa (chula, chula), esa misma noche lo DISFRUTAMOS, al igual que hicimos las siguientes. 

¿A dónde van los besos? Escrito por Cristina Arroyo Martín e ilustrado por Elena López Medina es un libro de esos dulces. Otro libro excusa como Un amor tan grande del que hablaba hace ya años mil (cuanto me gusta leer post antiguos, observar qué cosas han cambiado y cuales permanecen, como la de los besos de ratón y elefante).

¿Y de qué va el cuento? Obvio, de besos. Besos, besos y besos. De todos los tipos y en todas las partes del cuerpo. Besos de mamá y de papá, besos que damos y nos dan y que no sabemos donde van. 

Poquito a poco se no va despejando la duda. Unos se van volando y se convierten en golondrinas, otros se enganchan a las cosas haciéndolas más bonitas, otros hacen aún más rico el chocolate, algunos se funden con la brisa del mar y nos acarician en la playa, a veces se quedan ahí, flotando y nos hacen sonreir mucho rato...y otros, los mejores, se meten por cada poro de nuestra piel y nos llegan hasta el fondo de nuestro ser inundándonos de amor.

Un libro para leer cada día. No, un libro para contar cada día, para jugar con él, para aprovecharnos de él, para divertirnos, besarnos, reir, sentirnos beso, un libro excusa.

Al final, un divertimento, unas instrucciones "muy serias" para dar un beso y unos besos recortables para que se los regalen a quién quieran. Porque los besos ni se compran ni se venden. Se dan a quién se quiere, cuando se quiere. Sin obligaciones ni imposiciones. Así debe ser, aunque algunos padres pillinos como yo, usemos estos libros excusas para conseguir raciones triples de besos.

Si queréis haceros con esta buena excusa, podeís hacerlo a través de la web de Pekefriendly y en establecimientos pekefriendlerianos repartidos por el país (puedes consultarlos aquí). 

El cuerpo me pide, que más allá de la reseña comente un par de cosillas más. Querida Laura, ¿10 € (gastos de envío inlcuidos)? ¿En qué estabas pensando mi amor? Este libro vale más mucho más que diez euros, o más bien, debería costar más, mucho más. Si tan sólo te diese unos céntimos por cada beso que me ha dado y que le he dado en estas tres noches de lecturas ya tendría que pagarte mucho más de diez euros. Vale más, mucho más.

PD. ¡¡otra cosa!! Portada de pastas duras para la próxima edición. Plissssssssss. O cada familia tendrá que comprar dos, uno para disfrutarlo una y otra vez y otro para guardarlo como oro en paño para que vaya engrosando los tesoros de familia. :)


9 de abril de 2014

DIY. Alargando la vida de un jersey

Es lo que tiene esta ciudad. Pasamos de 15 a 30 en tres días. Entre eso y que últimamante voy a mil, se me va el tiempo sin enseñaros un diy facilito para alargar un poco la vida de esos jerseys de los peques que se le quedan cortillos de manga y no van a aguantar otroa temporada.

Necesitamos cinta de ribete a juego con el jersey. He usado una imitando piel, del tipo de los botones.

Descosemos las mangas, cosemos el ribete y ¡¡ya está!! Cortando las mangas alargamos su vida ;)

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